viernes, 18 de enero de 2008

Se fue un genio olvidado: Bobby Fischer

Ahora que ha pasado a la eternidad Robert James Fischer dejará de ser un loco, un marginal un ser extraño para pasar a ser reconocido - más allá de sus aciertos y errores como persona - como un verdadero genio. La muerte pareciera realzar a las personas y convertir en buenas acciones a aquellas que durante la vida del ahora fallecido se calificaban de malas.


¿Quienes somos el resto para calificar a otros seres humanos? Realmente nadie, sin embargo, lo hacemos a menudo encasillando a ciertas personas con motes que las empujan al ostracismo y la marginalidad.
Confinado a Islandia el gran Bobby era más un problema que un mito viviente para los dirigentes del ajedrez. Sin embargo desde las penumbras se las ingenió para volver a jugar con su amigo Boris Spassky en 1992 e inventar el reloj digital infaltable hoy en toda competencia de nivel internacional. No caben dudas: donde haya un tablero y ganar de pensar tácticas y estrategias el espíritu de Bobby ha de estar presente.



El cerebro humano norteamericano (utilizado y luego abandonado a su suerte por los políticos de turno) que llevó la guerra fría a sesenta y cuatro casilleros y derrotó a la mismísima Unión Soviética donde menos se pensaba que se podía hacerlo ha pasado a la posteridad
Los norteamericanos dirán, el mundo tal vez, "teníamos a un genio ajedrecístico entre nosotros" pero lamentablemente se nos fue, probablemente no supimos cuidarlo pese a sus excentricidades.
La Diosa Caissa ha puesto en el Cielo de los trebejos su alfombra roja: Bobby se dirige hacia allí. ¡Nuevamente gracias por todo Bobby (no sabemos ni queremos llamarte de otra forma)!

1 comentario:

Robert dijo...

Queda el recuerdo no solo de un genio absoluto, sino de un ser intransigente que peleo como pudo su derecho al maximo desarrollo intelectual, enfrentado a corruptelas, masificaciones y boludeces del sistema que solo llevan a lavar cerebros.

Robert Hungaski