sábado, 26 de febrero de 2011

Fados

Hace unos años tuve la suerte de escuchar por las calles de Lisboa una música hermosa pero muy triste llamado fado. Ese lamento, melancolía que genera el fado viene a mi cuando pienso en el ajedrez argentino.
Debo hacer dos aclaraciones previas:
1) Yo soy culpable, como la gran mayoría, del lamentable estado en que se encuentra nuestro ajedrez. Yo no he reclamado punzantemente trabajos que he realizado y no me han pagado. He perdido el afán de colaboración que los chicos que van a panamericanos y mundiales. No tengo ganas de ser dirigente (de nada). He decidido hacer la mía (con lo bueno y lo malo que ello implica).
2) No voy a dar nombres porque no soy fiscal de ninguna causa y no soy quien para dar clase desde un púlpito. Hay excepciones pero tampoco las he de nombrar (cada uno sabe lo que hizo y lo que no). Solamente quisiera que todos, cada uno desde su lugar, reflexionemos.
Ahora hagamos un mea culpa de algunas cosas entre todos:
Desde 1981 -año en el que empecé a jugar al ajedrez- no vi una federación (argentina, metropolitana o la que quieran) o club de ajedrez que tengan una estrategia de gestión. Por ejemplo: para ser campeón argentino sub 20 en la década de los 80 se debían jugar (entre clasificatorios y final) ¡unas sesenta partidas! Hoy pagando dos buenas inscripciones y jugando unas 18/20 partidas eso es posible. También puedo decir que cada vez hay menos abiertos y que los mismos son mucho más débiles en cuanto a calidad y cantidad de jugadores.
Los padres lucen furiosos pero la mayoría de ellos lleva a sus hijos a los campeonatos de los cuales se quejan y no le importa su hijo es campeón argentino solamente entre diez participantes o si clasifica a una final con 2,5/9 (¿sería razonable que un niño apruebe una material con menos de 3?). Además he oído mil veces de ellos: _"Solamente quiero que mi hijo se divierta" y acto seguido ver (¿cómo qué perdiste con ese? ¡si nunca te había ganado!).
Los maestros se quejan/mos cuando solamente estamos involucrados, el resto bien, gracias. Y algunos de ellos juegan/mos al poker varias horas por día, van al casino hasta altas horas de la noche, arreglamos mañana tablas "total clasificamos los dos o cobramos" y después dicen/mos no ser respetados como profesionales.
Los jugadores medios cuando tienen abiertos a su disposición casi no participan (o porque es un torneo fuerte o porque es débil o porque no hay buenos premios para las categorías -las suyas-). Como los varios pibes con mucho futuro apenas si juegan torneo rápidos o cosas similares pero pocas veces ir a la buena oferta de clases que hay principalmente en Capital o Gran Buenos Aires. Es triste ver a muy buenos grandes maestros con tres o cuatros alumnos en su clase. ¿Y los jóvenes talentos?: -"Yo ya le gané a no se cuantos maestros en el semilento o por ICC a un 2900 así ¿qué me puede enseñar fulano"?. Así les va en los mundiales luego.
Los aficionados de nivel inicial entran al ajedrez, en varios casos, a ver cómo puedo llegar a primera en un año. ¿Van a clases, se compran buenos libros para eso? !No! Con un fritz (casi seguramente trucho) y viendo como "piratea" mengano en los blitz dice que aprende.
¿Quién me ha quedado afuera? Uhmmm no se.
Los entrenadores (creo que en Argentina casi no se usa eso) pretenden/mos que los pibes jueguen tal cual ellos: solamente importa ganar, si no viene el viejo, y me raja. Los profesores enseñan/mos para que aprendan pero sobre todo para que sean siempre nuestros alumnos (la quintita ante todo). Recuerdo haber intentado armar encuentros gratuitos por internet con ellos y sus alumos y su colaboración fue del 0%.
En fin, creo que tenemos dos ejemplos del pasado que nos pueden ayudar a reflexionar como sociedad, como población ajedrecística:
Antes del mundial de Suecia de 1958 nos creíamos los mejores del mundo en fútbol, no sólo eso, nuestros jugadores eran geniales pese a comer antes del partidas dos platos de ravioles y un litro de vino tinto. Los resultados marcaron la falacia de nuestras ideas. No hagamos lo mismo en nuestro terreno.
Por otro lado, tras el crack del 2001 volvimos a la normalidad (no más quejas, cacerolas y demás) cuando las clases altas con un dólar a $3/3,50 ya pudieron volver a viajar y a planificar sus inversiones; las clases medias con los bonos más el CVS (coeficiente de variación salarial) recuperaron sus ahorros y las clases bajas con los planes trabajar y otras yerbas pudieron seguir sobreviviendo sin mucho esfuerzo. ¿Y el país, y los cambios? Muy bien, gracias, será en otra ocasión.
Espero con respeto haber expresado una opinión aunque aún restan las soluciones.

2 comentarios:

Fernando Pedró dijo...

Hola Aloejo. Excelente la nota. Comparto casi todo. Quizá los jugadores debiéramos comprometernos más y exigir cambios de estatutos (elecciones de autoridades por elección directa de los jugaores, por dar sólo un ejemplo.) Ot5ra idea sería una Asociación de Jugadores amplia (a contrario de la Asociación de Maestros que se creó hace unos años bajo el ala de Villa Martelli). Te agradezco la columna, porque de alguna manera es comprometarse para el desarrollo del ajedrez ennuestro país. Un abrazo. Fernando

Miguel dijo...

Hola Profe, creo que la misma problemática pasa en mi región ("que me puede enseñar aquel si ya le he ganado o le gana aquel otro jugador") y así nos la pasamos lo por otro lado ne mi región hay muy pocos torneos accesibles para poder ir los jugadores (también hago el intento de entrenador con niños que van empezando) y nos preocupamos poco por iniciarlos nosotros mismos.. creo que, como dice al final, sólo faltan las soluciones y creo que como ajedrecistas si no las sabemos, las podemos encontrar y aplicar... Saludos desde México!!