domingo, 6 de marzo de 2011

El libro: elemento esencial de la cultura.

Desde hace un tiempo proyecto escribir nuevas obras dado el material que tengo acopiado de ajedrez y otras áreas. He escuchado propuestas pero aún nadie me ha ofrecido algo en concreto.
Entre tantas charlas ha surgido con fuerza la palabra libro electrónico, un nuevo instrumento que va ganando terreno en el mundo editorial. Aunque no me opongo a este nuevo objeto debo confesar que el encanto de un libro, con su forma, su magia no encuentro parangón en mi mente.
Leyendo la revista La Nación fui raudo a la última hoja donde siempre me deleito con las notas de Arturo Perez Reverte o de Guillermo Jaim Etcheverry. Precisamente el primero de los citados el domingo 12 de diciembre de 2010 se refirió al respecto en su nota: Leer con luz de luna.
Y allí enfatiza: "Estoy convencido de que, en un mundo razonable, la oposición entre libro de papel y libro electrónico no debería plantearse nunca. Lo ideal es que el segundo complemente al primero, llevándolo donde aquél no puede llegar. Como herramienta eficaz de trabajo, por ejemplo. O facilitando el acceso a asuntos menos afortunados en librerías convencionales: teatro, poesía, autores sin respaldo editorial, literatura bloguera, descargas y otros experimentos interesantes que el concepto clásico no favorece demasiado. Pero no es eso lo que se plantea. Al hablar de libro de papel y libro electrónico, lo usual es oponerlos. Obligarte a elegir, como siempre".
Sus palabras subrayan el papel central del libro de papel y la practicidad del libro electrónico.
Dice en otro tramo de su brillante texto:"Porque leer no tiene nada que ver con eso. Me refiero a leer de verdad, en comunión estrecha con algo que educa tu espíritu, que te hace mejor y consciente de ti mismo. Que aporta lucidez, multiplica vidas, consuela del dolor, la soledad y el desamparo, aclara la compleja y turbia condición humana. Leer así requiere tiempo, serenidad concentrada, ritual. Cuando estás en ello, ni siquiera las bombas son capaces de romper el vínculo mágico. No hay comandante de avión que obligue a apagarlo para el aterrizaje, ni batería que te deje a medias; y si se funden los plomos, o como se diga ahora, el verdadero lector es capaz de seguir haciéndolo a la luz de una vela, de un encendedor, o a la luz de la luna llena reflejada en la arena de un desierto".
¡Claro que sí! Se pueden abrir mil pantallas en un ordenador y leer varios textos en simultáneo pero ese no es el verdadero y hermoso ritual de la correcta lectura.
El acto cultural de leer -si es que así se lo puede denominar- implica a la observación (para no decir nuevamente lectura) de textos en papel. La informática ayuda y acelera los tiempos pero no puede abreviar el proceso de incorporacion y procesamiento de palabras y significados al cerebro humano.
Para finalizar el autor de la Tabla de Flandes escribe:"Con un libro electrónico, sea El Gatopardo o El perro de los Baskerville, no puedo anotar en sus márgenes, subrayar a lápiz, sobarlo con el uso, hacerlo envejecer a mi lado y entre mis manos, al ritmo de mi propia vida".
El libro tiene algo especial que al tenerlo en nuestras manos se siente ¿cómo describir eso? Imposible de hacerlo con total objetividad.
Un texto de papel es información, ideas, conocimiento, sentimientos y demás sensaciones en nuestras manos. El libro nos incentiva, nos hace volver a él, nos permite hacerlo envejecer con nuestro uso, es decir, ha de llevar las cicatrices que nuestras manos le han provocado.
Que pase el tiempo, evolucionen las ciencias y la tecnología pero que el libro, viejo instrumento de la cultura, siga estando siempre presente.
Aunque más no sea para deleite de Arturo Perez Reverte.

1 comentario:

Facundo López Burgos dijo...

Querido Alejo, comparto plenamente el espirítu de lectura que defendes en el artículo.
A mi entender faltan tocar algunos puntos centrales en la pulseada libro electrónico vs. libro de papel.
Por un lado está la fabricación sustentable y ecológica del papel que es algo que no preocupa demasiado y suele ser un tema que anota poroto a favor del electrónico (al menos si no profundizamos demasiado en el tema de como se fabrican los electrónicos y demás dato que desconozco absolutamente).

Por otra parte el valor del metro cuadrado de vivienda y las construcciones con ambientes cada vez mas pequeños complican el hecho de que uno puede tener verdaderas bibliotecas en su hogar donde guardar los libros para que se cumpla el proceso tan bello de envejecimiento mutuo que describe el artículo. El costo de los libros impresos tampoco es menor y si bien tanto vos como yo podemos comprar un libro hay muchos que no y la versión electrónica, como todo lo digital, es fácilmente pirateable.

Por último creo que actualmente existe un exceso de información que nos impide profundizar en una sola cosa. ¿En que puede interesarme leer en simultaneo varios libros? ¿que tanto puedo aprehender de un texto si no entro en comunión con él y lo leo en profundidad?.

Mi experiencia me ha enseñado que he aprendido mucho de libros que he leido 4 o 5 veces a lo largo de 15 años vida. En cada una de esas lecturas el libro cambiaba ya que la persona había cambiado. Por el contrario poco recuerdo de libros que he leido solo una vez a los que claramente no he prestado atención.

Escribo estas palabras con espíritu de debate. Un abrazo.